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Llamada a la comunidad, unida en la misión: la historia de una asociada SNJM

hace 11 horas
3 min de lectura

Como personas relacionales, estamos invitadas a compartir la comunidad de muchas maneras. Es maravilloso reunirnos con un mismo propósito y encontrar conexión, apoyo y sentido de pertenencia. Durante nuestro encuentro de agosto, tuvimos la oportunidad de compartir cómo algunas congregaciones están reuniendo a colaboradores intergeneracionales. Se trata de una iniciativa muy creativa que nos permite reunir a abuelas, madres y jóvenes. Hoy, una joven asociada comparte su historia con nosotros, y espero que encuentres inspiración para invitar a diferentes generaciones a reunirse en tu comunidad. --Elia Cardenas, DMin, Directora asociada

 

por Julia Sauter, asociada de las Hermanas de los Santos Nombres de Jesús y María (SNJM)

Miembro del Centro Misionero SNJM del Sur de California

Participante en el Programa de Liderazgo de Asociados de Ohio y Pensilvania (OPAL)


Me convertí en asociada de las Hermanas de los Santos Nombres de Jesús y María (SNJM) en el 2017. Como alguien en sus treinta y tantos años, soy una de las asociadas más jóvenes de la congregación. Históricamente, las Hermanas de los Santos Nombres se han dedicado principalmente al ministerio de la educación. Por lo tanto, la mayoría de las asociadas son exalumnas o mamás de niños que asistieron a una escuela dirigida por las hermanas.


Los ministerios de las hermanas se han expandido más allá del salón de clases hacia áreas como la justicia social, la atención médica, el ministerio parroquial y más. Todos tienen sus raíces en el compromiso de nuestra fundadora con el desarrollo integral de la persona humana, con una preocupación especial por las mujeres y los niños. Conocí a las hermanas a través de una compañera de cuarto que estaba discerniendo en la vocación religiosa.


Después de terminar mi posgrado y regresar a mi hogar en el sur de California, sentí un gran anhelo de volver a ser parte de una comunidad católica sólida. También extrañaba tener interacciones regulares con las hermanas. Encontré un grupo de Asociadas de las SNJM muy activo, ubicado a unas dos horas de mi casa. Asistí a sesiones mensuales de formación en uno de sus conventos y comencé a participar en los encuentros de asociadas una vez que completé la formación. A medida que la congregación se ha reducido en cuanto a sus miembros de votos perpetuos, las asociadas están equipadas para promover el carisma de manera más intencional.


Las hermanas religiosas y asociadas me apoyaron durante un período difícil marcado por la depresión, una mudanza al otro lado del país y el fallecimiento repentino de mi mamá. También celebraron conmigo los momentos de crecimiento, dándome el valor para asumir nuevos niveles de responsabilidad en el ministerio y para formar parte de comités y de la junta directiva de diferentes organizaciones católicas. Su retroalimentación me ayuda a definir cómo me veo a mí misma y a responder a las oportunidades y desafíos de la vida. Una experiencia clave fue una peregrinación reciente a los lugares sagrados de nuestra congregación en Canadá, dirigida específicamente a las asociadas y afiliadas más jóvenes de la congregación. Las cuales seguimos reuniéndonos y soñando juntas.


Ser parte de un grupo intergeneracional también tiene sus alegrías y desafíos. No tengo recuerdos de la congregación del pasado, cuando había un mayor número de hermanas y más ministerios institucionales. Llegué a la comunidad cuando las asociadas ya estaban asumiendo roles de mayor responsabilidad dentro de sus regiones, y para la congregación. La congregación es muy visionaria en ese sentido, lo cual creo que es un gran modelo para otras comunidades religiosas.


En ocasiones, puede parecer que se da por sentado que todas tenemos los mismos recuerdos, porque la mayoría de las hermanas y asociadas tienen más o menos la misma edad. En ocasiones, necesito recordarle al grupo que yo aún no había nacido en esa época o que me relaciono con el tema de manera diferente porque no tengo los mismos recuerdos. A veces me invitan a compartir mi perspectiva como persona más joven que proviene de un contexto diferente. También he notado cómo, con el paso de los años, he llegado a ser vista cada vez más como una compañera, tanto en mi región local como en toda la congregación. De verdad, convertirme en asociada de las SNJM ha sido un gran regalo, y espero con entusiasmo lo que me depara el futuro.

 



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