¡La gracia de una comunidad!
- Leadership Collaborative

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por Elia Cardenas, D.Min, Director asociado
Desde principios de año, hemos estado explorando el llamado único de la vocación, seguido de cómo comunicar nuestro carisma o mensaje congregacional en todo lo que somos y hacemos. Hoy hablaremos sobre la importancia de la comunidad, y quiero iniciar esta conversación con un mensaje de la encíclica Fratelli tutti del papa Francisco que dice: “He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude”. Como personas sociales, nos necesitamos unos a otros; no podemos sobrevivir aislados. Necesitamos una comunidad para soñar y llevar a cabo la misión juntos.

Cada uno de nosotros es único y aportamos a la comunidad nuestra propia cultura, nuestros valores y nuestras cualidades; esa es la riqueza de la diversidad y la forma en que todos nos complementamos. Es como un precioso rompecabezas en el que no hay dos piezas idénticas, pero que, sin embargo, encajan y forman un todo único y armonioso. Las piezas, poco a poco, empiezan a encajar o a alinearse, y si ya tienes experiencia montando rompecabezas, sabes que a veces, para alinear o encajar las piezas, hay que empujarlas o lijarlas para que encajen a la perfección. Es ahí donde radica la belleza de la analogía y la riqueza de la singularidad de cada pieza. En el rompecabezas que es una comunidad, cada uno de nosotros complementa a los demás para formar una relación humana hermosa y frágil, en la que todos estamos interconectados y podemos apoyarnos mutuamente. La comunidad es una unión de personas que, a veces, perciben el mundo de manera diferente, pero que se complementan entre sí a través de la unión, la conexión y las relaciones.
Nuestro querido Papa Francisco afirmó en una famosa frase que prefiere una Iglesia o una comunidad accidentada, herida y manchada a una Iglesia perfecta o rígida. Esa idea se aplica a todas nuestras comunidades, porque no existe ninguna comunidad perfecta. Al contrario, la vida, la convivencia y la interacción humana tienen lugar a diario, lo que nos permite practicar el ministerio de la presencia y tender puentes de comprensión, compasión, amabilidad, paciencia y escucha atenta en todo momento.
Como seres humanos, como personas que vivimos en comunidad, tendremos nuestros altibajos, nuestras diferencias, nuestras luchas, pero también estará lleno de momentos de reconciliación y perdón. Esa es la belleza de vivir y ejercer el ministerio en una comunidad con su sentido de comunión, relaciones, amistad y hospitalidad arraigados en algo más grande que nosotros: la virtud activa del amor. Y el amor solo puede echar raíces en corazones abiertos, dispuestos a asumir el riesgo de aceptar a los demás tal y como son, con apertura, curiosidad y una nueva visión del sentido de comunidad en el que podamos caminar juntos, haciendo nuestras las palabras del salmista: ¡Qué dulce y agradable es que los hermanos y hermanas vivan unidos!
Acompáñanos a Nuestro siguiente encuentro con Sor Michele Vincent Fisher, CSFN el 25 de agosto a las 7:00 p. m. (hora central Chicago) o el 26 de agosto a las 9:00 a. m. (hora central Chicago). Quien nos guiara en: Comunidad: La importancia de nuestra comunidad y el valor de la unión.
En esta sesión, nos arremangaremos y nos adentraremos en ese maravilloso caos al que llamamos “comunidad”. A través de las Escrituras, las historias y el sentido del humor, descubriremos cómo convertirnos en la comunidad amada y hacer realidad el reino de Dios entre nosotros.



