Semillas de esperanza
- Leadership Collaborative
- hace 2 horas
- 10 min de lectura
Narrativa de una Dominica laica entre hermanas religiosas

por Elia Cardenas, D.Min
Elia es parte del equipo de Leadership Collaborative y cree
firmemente que todos somos instrumentos de Dios para lograr
inclusión, solidaridad y paz especialmente para los marginados;
siendo migrante, lleva a cabo ministerio para migrantes
en un albergue fronterizo y lidera esfuerzos preventivos en las
tierras altas de Chiapas, apoyando la formación de los pueblos
indígenas y promoviendo el desarrollo comunitario, para que
puedan ejercer su derecho a permanecer en sus tierras.
Esta reflexión se publicó originalmente en el libro electrónico gratuito de Leadership Collaborative Líderes de Esperanza). Haga clic aquí para descargar una copia gratuita.
El sembrador salió a sembrar su semilla (Lucas 8,5)
La metáfora de las semillas en el pasaje del Evangelio lleva una promesa inspiradora y alentadora que alimenta nuestra espe-ranza. Después de preparar la tierra con ternura y cuidado, el sembrador entierra cuidadosamente la semilla en la tierra, y aunque no pasa nada ante nuestros ojos humanos porque aún no vemos prácticamente nada en la superficie, la promesa y el potencial de una próxima germinación se encuentra ahí. Ya que, con ternura, la tierra recibe la semilla y la abraza. Esta metá-fora también nos habla acerca de Dios que continúa obrando en su creación en el imperceptible y silencioso misterio de la oscuridad. Lejos a nuestra vista, la semilla es nutrida, cuidada, amada y germinada. En ocasiones pareciera que la semilla ya no da fruto y se llega a un aparente final. En algunas ocasiones podemos lamentar que la planta ya no da fruto y que hay que cortar, quitar o desechar. Pero también, en otras ocasiones, nos sorprenden plantas provenientes de las raíces de la semilla ini-cial, aunque la hayamos cortado o removido, en ocasiones, con el tiempo, no nuestro tiempo, pudiera brotar o florecer nueva-mente. En el misterio de lo invisible, la semilla se desarrolla, echa raíces; aunque algunas veces en apariencia la semilla pud-iera verse seca o muerta, es esperanzador para todas nosotros el imaginar que un sembrador salió a sembrar con esperanza.
En mi perspectiva, el proceso alentador en la narrativa de la se-milla es que el sembrador salió a sembrar y a esparcir la semilla, y el sembrador entiende claramente que la misión esta comple-ta porque, como dice la conocida oración de Romero, es posible que nunca veamos el resultado final. Esta metáfora nos enseña que estamos llamados una vez más a esperar con confianza que el plan creativo de Dios continúa hasta la eternidad, que nuestro Dios creador está obrando en el misterio de lo imperceptible a nuestros ojos, pero que se hace presente en nuestras vidas. Por tanto, estamos llamadas a vivir como profetas de un futuro que se extiende esperanzadoramente más allá de nuestras propias vidas. Como hermanas religiosas y mujeres laicas, estamos haciendo misión juntas hacia un futuro que tal vez no veamos, pero que continuará a través de la maravillosa creación de Dios en el mundo. La imagen de la semilla que es plantada nos ofrece un ejemplo a vivir vislumbrando el futuro con esperanza. Como personas de fe, como mujeres de fe, estamos llamadas a ser profetas y a hacer presente la esperanza para que continue inspirando a otras personas, especialmente a aquellas personas que tienen heridas o desasosiegos en sus vidas o que tienen dificultades para creer que Dios siempre está presente amándo-las y obrando de manera imperceptible y creativa en sus vidas. Somos un Pueblo Pascual con nuestra esperanza puesta en la victoria de la resurrección gloriosa y en nuestro Dios que con-tinúa trabajando en su creación a través de una pequeña semilla que se siembra y que, aunque a veces parezca seca o muerta, un día crecerá y se convertirá en un signo de esperanza y refugio acogedor para muchas generaciones.
Mi historia
Durante la mayor parte de mi vida, me consideré una típica mujer mexicana que emigró a los Estados Unidos, como muchos otros, en busca de mejores condiciones de vida y oportunidades educativas para la familia. Como resultado, viví mi experiencia de iglesia a lo largo de la frontera sur en una Iglesia Católica Romana tradicionalmente muy conservadora durante muchos, muchos años. Sin embargo, hace veinte años, mi esposo y yo fuimos invitados a participar en el programa de formación del diaconado permanente en nuestra diócesis en El Paso, Texas. Este camino de formación suscitó un proceso de reflexión muy profunda, especialmente sobre el papel de la mujer y su relación con la jerarquía en la iglesia. A mi modo de ver, se considera y se espera que las mujeres sean personas pasivas, sumisas y obedi-entes de una iglesia tradicionalmente patriarcal. Ante esta reali-dad, decidí seguir una formación teológica, la cual, bendito Dios, me llevó a la escuela de posgrado de Catholic Theological Union (CTU) en Chicago y a obtener un título de Maestría en estudios pastorales y una certificación Hispana.
Mis estudios en Catholic Theological Union despertaron en mí la posibilidad de un papel más significativo para la mujer en la iglesia. Esta nueva y alentadora realidad que encontré en CTU me hizo darme cuenta de que este es el momento para que las mujeres asuman roles de liderazgo dentro de la iglesia y no sean simplemente participantes pasivas en la vida ministerial o parroquial. Mi pensamiento crítico durante mi camino de for-mación me hizo cuestionar la realidad del papel de la mujer en una institución que ha ido cambiando lentamente a través de los tiempos. Me pregunto por qué el papel de las mujeres hacien-do ministerio dentro de la iglesia no ha cambiado en mucho en siglos, tanto para las mujeres de vida consagrada como para las laicas. Con los estudios y el tiempo, descubrí algunas referencias bíblicas en referencia al indispensable papel de la mujer en la obra y misión de Jesús, así como semillas importantes plantadas en la historia de la misión de la iglesia, cuyas raíces están bien fundadas.
Apóstol de los Apóstoles
Una de mis referencias favoritas es el evento de la resurrección, en el que una mujer: María Magdalena, quien es la primera en anunciar la noticia de la resurrección de Jesús a los apóstoles. Lamentablemente, en lugar de ser representada como una fig-ura femenina prominente a la que Jesús eligió para anunciar la nueva a la comunidad, en la historia de la iglesia, ella fue con-sciente y erróneamente identificada como una prostituta por el Papa Gregorio Magno (c. 590-604). Su memoria quedó empaña-da y distorsionada como una mujer pecadora durante muchas décadas hasta hace poco, cuando el Papa Pablo VI (1969) des-enredó las referencias bíblicas de las diferentes Marías. Recien-temente, el Papa Francisco le otorgó el reconocimiento canónico de ser la mujer apóstol y primera en anunciar la buena nueva. El papel de esta primera y singular mujer apostola aportolorum tuvo que esperar muchos siglos para ser reconocida por la Iglesia, y todavía carga con el estigma de ser definida como una mujer pecadora. Aun así, muchos pintores o artistas has sido in-spirados a pintarla como una mujer pecadora en hermosas obras de arte a lo largo de muchos siglos.
Cuanto más aprendo y reflexiono sobre el papel de María de Magdala, más me siento inspirada por su discipulado y su fidel-idad a Jesús en la tierra. Ella es un modelo a seguir para las mu-jeres en roles de liderazgo y para aquellas que buscan referencias de femenina fidelidad, vulnerabilidad y valiente autenticidad en las Escrituras. Ella es y será un legado y una inspiración para todas nosotras las mujeres, tanto de la vida religiosa como laicas en la iglesia. Su aroma se perdió en la iglesia, pero su semilla era profunda y sus raíces abrieron camino para resurgir y crecer. Hoy en día, hay iglesias que llevan el nombre de María Magdalena y muchos libros excelentes la describen como una fiel seguidora de Jesucristo. Su santuario en el sur de Francia sigue siendo un lugar sagrado de peregrinación que inspira a muchos y muchas a con-vertirse en fieles discípulos de Cristo. María Magdalena perdió aroma y viabilidad por un tiempo, pero su esperanzadora semilla seguirá inspirando nuestro presente y futuro.
Una ventana a la vida Congregacional Religiosa
Cuando me uní a Leadership Collaborative, el año pasado, esto me permitió comprender mejor la perspectiva de la vida religiosa de las mujeres, que han consagrado su vida a Cristo y a la misión de la iglesia. Todas ellas han recibido el llamado de Dios, respon-dido a su llamado y hacen ministerio de manera global en todos los continentes y contextos en una misión de servicio, oración y contemplación. El hacer ministerio en Leadership Collaborative con hermanas religiosas me a hado una perspectiva única de la vida religiosa congregacional, como poderla mirar a través de una ventana. Cada una de estas congregaciones posee un caris-ma, visión, misión, además un momento fundacional inspirador y único presente en sus constituciones y que a la vez orienta sus diferentes ministerios: educación, sistema de salud, oficinas diocesanas, catequesis, espiritualidad, acompañamiento familiar, migraciones, cárcel, trata, justicia, paz, cuidado de la creación y especialmente aquellas que hacen ministerio con los margin-alizados. La vida y presencia de las hermanas religiosas genera vida para los amados hijos e hijas de Dios, especialmente los más pobres entre los pobres.
Las congregaciones religiosas de las hermanas están presentes en toda América, África, Asia, Europa y Oceanía, ministrando en diferentes locaciones y contextos con una misma misión en mente: hacer presente la semilla del reino de Dios formando así una única y gran comunidad global, siempre presente en nuestra iglesia y su misión. Al escribir este párrafo, me doy cuenta de que el camino de cada congregación no fue fácil durante los primeros años fundantes. Aun así, estuvieron llenos de inspiración, creatividad y sueños.
La suya no fue una esperanza sin acción, sino una esperanza encarnada en acciones concretas y tangibles para hacer presente su carisma fundacional. Como mujer que hace ministerio en la iglesia, también imagino las batallas, las dinámicas de poder, la tensión, los miedos, y las decepciones como en cualquier otro ser humano. Pero como lo he percibido, el Espíritu de Dios que sopla de Norte a Sur y de Este a Oeste continúa inspirando y obrando entre todas las congregaciones del mundo. Y, aunque escuchamos que algunas congregaciones estadounidenses están llegando a su fin, cuando escucho sus historias fundantes tengo la esperanza de que no terminarán por completo porque su pres-encia continuará a través de sus historias y legado. Sus narrativas y testimonios de vida seguirán construyendo puentes intergen-eracionales cuyas semillas inspirarán a las nuevas gener aciones y tal vez florezcan de nuevo o vuelvan a crecer, porque nuestro Creador continua su periodo creacional hasta el fin del mundo.
Preparándome para el ministerio
Durante el tiempo de Covid, en lugar de estresarme por la pan-demia, aproveché la oportunidad para realizar estudios de doctorado en teología, que una vez más deconstruyeron otra parte de mi fe y me dieron una mejor comprensión del incondicional amor de Dios por todos nosotros. Mis estudios también me ayu-dan a encarnar conscientemente el Evangelio en todo lo que hago, tanto en el ministerio como en la vida propia. Me doy cuenta de que hay muchas cosas que aún no sé, y hay mucho que seguir aprendiendo; sin embargo, cuanto más estudio de teología, más segura estoy de que el período de la creación narrado en el Géne-sis continúa en un sagrado, pero permanente camino en la vida re-ligiosa y la vida de la iglesia. Dios, de manera misteriosa, me estaba preparando, plantando una semilla en el misterio silencio de una pandemia dolorosa e incomprensible.
Además, mis estudios de teología me han ayudado a obtener una comprensión más profunda de mi fe y la importancia de mi relación con Dios, su amor infinito por toda la humanidad y la creación. Dios continúa estando presente en el corazón de mis estudios teológicos, y el corazón de la misión y el ministerio es la encarnación del Evangelio, la vida de Jesús y sus obras. Los signos de los tiempos son la inspiración del Espíritu para muchas personas, que es Dios mismo inspirando nuestra historia actual. Todo lo que respira la humanidad y la creación proclama la gloria de Dios; su continuo susurro está presente como dice el Salmo 19: “El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos” día tras día, estación tras estación, año tras año el mensaje de la gloria de Dios llega incesantemente al mundo entero como un signo de esperanza.
Haciendo ministerio entre Hermanas Religiosas.
Como asociada, tengo el privilegio de hacer ministerio entre varias comunidades de hermanas religiosas. Con sus diferentes carismas y programas, las hermanas religiosas están respondiendo a las necesidades actuales de este momento histórico. Consagraron sus vidas para hacer presente el reino de Dios en la tierra. A través de un delicado discernimiento, respondieron a un llamado y a los signos del tiempo en un momento, cultura y contexto particular. Su vocación es una respuesta al amor incondicional de Dios y a su invitación a vivir en comunidades o congregaciones religiosas como hermanas. Donde hay una hermana religiosa, hay vida, Esperanza y un susurro profético. Respondieron en su fragilidad y apertura, dando su propia vida para generar vida, sueños y esperanza para el momento presente y el futuro.
Con ellas, la noción del “pueblo de Dios” del Concilio Vaticano II cobra vida al ejercer un liderazgo activo transformacional y esto es fuente de inspiración para mi vida, ya que responde a las necesi-dades de nuestra época y a los signos de los tiempos. Al hacer minis-terio juntas estamos dando nueva vida y esperanza a estos tiempos volátiles; estamos encarnando el mensaje del Evangelio para que todos y todas, como parte de la familia humana, tengan un lugar en la mesa. Así, en lo cotidiano de nuestra propia existencia, estamos creando un efecto en cadena gradual e interminable de esperanza.
Como madre de cuatro chicas, preocupada por la fe de sus hijas, mi corazón tiene una enorme esperanza en el presente y futuro para ellas. Es una esperanza basada en el amor creativo de Dios que da sentido a nuestros corazones inquietos y en la misión que he encon-trado a través de la vida religiosa congregacional. Mi anhelo es por un futuro que no sea como el actual, es el de una iglesia de puertas verdaderamente abiertas para las minorías, las mujeres, las religio-sas, los laicos y todos los que se han sentido rechazados o rechaza-das en la iglesia o se encuentran marginalizados. Es una esperanza en el horizonte por un amor continuo, creativo y en conexión con Dios.
En su carta a todos los consagrados y consagradas, el Papa Francisco escribió : Cuento con ustedes y espero que «despertéis al mundo’ … espero, pues, que mantengáis vivas las «utopías», pero que sepáis crear «otros lugares» donde se viva la lógica evangélica del don, de la fraternidad, de la acogida de la diversidad, del amor mutuo”. Como laica ministrando entre hermanas religiosas, yo también cuento con ellas y su amor por una iglesia inclusiva y profética que encarne el mensaje del Evangelio y la vida y obras de Jesucristo, y donde todos se sientan amados y bienvenidos. A través de los programas, ministerio, y encuentros de Leaderhip Collaborative, estamos creando espacios alternativos y seguros para vínculos de fraternidad, unidad y diálogo globales. Así, en el misterio sagrado de la misión de la Iglesia, estamos creando un futuro, no es el nuestro, un futuro profético lleno de muchas semillas de esperanza, sabien-do que estas semillas encierran la promesa de un mañana que no es nuestro. El sembrador salió a sembrar para nutrir nuestros corazón con muchas, muchas semillas de esperanza.
